jueves, 15 de noviembre de 2012

PATATAS HASSELBACK


Estas bonitas patatas, asadas enteras pero abiertas en láminas, son una creación sueca de la primera mitad del s.XX. Doradas por fuera, melositas por dentro, son absolutamente irresistibles por ejemplo, como guarnición de una carne asada.


Espero que las disfrutéis muchísimo (hummm, si es que no veáis como huele de bien la cocina al prepararlas!).De  postre os dejo un poema que me gusta leer y releer una y otra vez, Ítaca de Kaváfis (os lo pongo al final), y alguna que otra imagen que capturé este finde en EL CAMPO DEL MORO (Madrid), si podéis visitadlo ahora en otoño… está impresionante!



Ingredientes:




- 4 patatas medianas
- 3 dientes de ajo
- 4 laminitas de mantequilla
- Aceite de oliva virgen extra
- Sal en escamas
- Pimienta negra y pimienta rosa


Elaboración:

1.Limpiamos y cortamos las patatas a láminitas sin llegar al final (yo lo hice tal cual con un poquito de cuidado pero hay quien las pone sobre una cuchara del tamaño de la patata para ayudarse a no llegar al final de la misma; hay quien las atraviesa por la parte de abajo con un pinchito; hay quien las pone sobre la parte gordita de unos palillos chinos… por internet podéis encontrar muchas técnicas si las necesitáis).

2. Colocamos las patatas sobre una fuente para el horno. Pelamos y cortamos el ajo a laminitas y lo vamos colocando entre algunas rodajitas de las patatas. Les añadimos un chorrito de aceite de oliva, la sal y las pimientas.



3. Las cubrimos con la mantequilla y las introducimos al horno precalentado a 200º durante 40 minutos.






Cuando emprendas tu viaje hacia Ítaca
debes rogar que el viaje sea largo,
lleno de peripecias, lleno de experiencias.
No has de temer ni a los lestrigones ni a los cíclopes,
ni la cólera del airado Posidón.
Nunca tales monstruos hallarás en tu ruta
si tu pensamiento es elevado, si una exquisita
emoción penetra en tu alma y en tu cuerpo.
Los lestrigones y los cíclopes
y el feroz Posidón no podrán encontrarte
si tú no los llevas ya dentro, en tu alma,
si tu alma no los conjura ante ti.
Debes rogar que el viaje sea largo,
que sean muchos los días de verano;
que te vean arribar con gozo, alegremente,
a puertos que tú antes ignorabas.
Que puedas detenerte en los mercados de Fenicia,
y comprar unas bellas mercancías:
madreperlas, coral, ébano, y ámbar,
y perfumes placenteros de mil clases.
Acude a muchas ciudades del Egipto
para aprender, y aprender de quienes saben.
Conserva siempre en tu alma la idea de Ítaca:
llegar allí, he aquí tu destino.
Mas no hagas con prisas tu camino;
mejor será que dure muchos años,
y que llegues, ya viejo, a la pequeña isla,
rico de cuanto habrás ganado en el camino.
No has de esperar que Ítaca te enriquezca:
Ítaca te ha concedido ya un hermoso viaje.
Sin ellas, jamás habrías partido;
mas no tiene otra cosa que ofrecerte.
Y si la encuentras pobre, Ítaca no te ha engañado.
Y siendo ya tan viejo, con tanta experiencia,
sin duda sabrás ya qué significan las Ítacas.


- ÍTACA, Konstantínos Kaváfis-